En el presente artículo nos proponemos exponer la
pragmática y la semántica de יחִָיד en el Tanaj. No es tarea
sencilla establecer bases semánticas seguras sobre una voz
como esta de la que tenemos un corpus tan restringido de
textos en los que ocurre. Para intentar iluminar algunos aspectos
un tanto oscuros, se compara el texto griego de la
Biblia Hebrea (BH), la LXX, con el Texto Masorético (TM).1
Además de arrojar luz sobre el TM, la LXX fue el texto usado
por los primeros cristianos para elaborar su cristología y su
concepción de la Divinidad, tal como la encontramos en el
NT donde אֶחָד y יחִָיד fueron traducidos por ἀγαπητός, εἷς y
μόνος. Por esta razón hemos decidido tener en cuenta en la
discusión el texto en griego de la LXX, como forma de ofrecer
más elementos de ayuda para aquellos que desean reconstruir
el recorrido semántico-teológico de .יחִָיד
Los comentarios que presentamos a continuación no abarcan
una exposición del texto en su totalidad sino tan solo de
los aspectos lingüístico-literarios e históricos que puedan
dilucidar la semántica de יחִָיד . Las cuestiones de crítica textual
solo serán incluidas cuando resulten relevantes para
una mejor comprensión de la perícopa.
La erudición crítica1 ve el vocabulario de amor en
Deuteronomio como una formalidad en el contexto de un
pacto del tipo suzerano-vasallo. Esta perspectiva se basa en
estudios comparativos entre el pacto de Deuteronomio y la
literatura del Antiguo Cercano Oriente.
El Espíritu Santo está presente a lo largo de toda la
historia bíblica. Aparece en la fundación del mundo (Gn 1:2)
y fue, junto con la Deidad, el guiador del pueblo de Israel (Is
63:7-14). Participó activamente en la encarnación del Hijo
(Mt 1:18-20) y en el desarrollo de su ministerio (Mc 1:8-12;
Lc 3:16, 22; 4:1, 14, 18; 10:21; Jn 1:32, 33). El apóstol Juan
registra el momento en que Jesús presenta al Espíritu como
su vicario en la tierra (Jn 14-16). Lo señala como “consolador”
o “abogado” (παράκλητος),1 “Espíritu de verdad” (τὸ
πνεῦμα τῆς ἀληθείας) y “Espíritu Santo” (τὸ πνεῦμα τὸ ἅγιον).
El hecho de que Jesús presente al Espíritu de esta manera
demuestra la importancia de su tarea y función para los creyentes
de todas las épocas.
Es precisamente la singularidad de la descripción juanina
sobre el Parákletos (Jn 14-16), que se distingue de los
sinópticos, lo que ha cautivado a muchos teólogos.2 Es posible decir, siguiendo a Vincent Taylor, que ese registro del apóstol es “el clímax y corona de la revelación bíblica acerca del Espíritu Santo”.3 Sin duda, estos textos son una fuente perenne para la comprensión de su naturaleza y función. Es pertinente entonces preguntarse al leerlos: ¿Cuál es la naturaleza y obra del Espíritu Santo en conexión con las otras personas de la Deidad? ¿De qué manera los así llamados dichos Parákletos de Juan aclaran esta cuestión? Más específicamente deseamos preguntarnos, ¿cómo responder a estas preguntas a la luz de Jn 16:12-15?
La doctrina del santuario establece, fundamenta, estructura
y sustenta el sistema teológico bíblico adventista.1 El
ministerio sacerdotal oficiado en el santuario israelita se realizaba
en torno a dos puntos focales, el altar del holocausto,
eje del ministerio diario, y el arca del pacto, foco del ministerio
anual o Día de la Expiación. Ambos ministerios eran realizados
por el sumo sacerdote en ejercicio.
Una relación temporal se da con respecto del tiempo
del cumplimiento del suceso señalado por el ministerio profético
sacerdotal. Otra relación espacial se evidencia con relación
al lugar, persona o sujeto profético que habría de ser
el cumplimiento del suceso señalado por el ministerio profético
sacerdotal.
El apóstol Pedro sugiere este esquema temporal, espacial
y referido siempre a un sujeto profético.
La homosexualidad se ha vuelto un tema extremadamente
controversial en muchos países alrededor del mundo,
impactando a varias sociedades y comunidades cristianas.
¿Qué se debería hacer si un miembro de iglesia se siente
atraído por alguien del mismo sexo? ¿Cómo se deberían
evaluar sus inclinaciones? ¿Cómo deberían los heterosexuales,
así como la iglesia y el pastor, tratar con personas que
practican la homosexualidad y/o promueven un estilo de
vida homosexual? ¿Cómo deberían los administradores de
la iglesia tratar con empleados que se identifican como homosexuales
activos? ¿Qué debería hacer la administración
de la iglesia en el caso de que el gobierno trate de obligar a
que se empleen personas homosexuales? Pero la pregunta
que está detrás de todas estas es: ¿Cómo se relacionan los
cristianos con la Biblia? Por estas preguntas algunas denominaciones
corren el riesgo de dividirse o ya se han dividido
sobre este asunto.